Usan los niños la palabra con la insistencia y el desatino propios del que acaba de descubrir algo que aún no domina: del que, a medias fascinado y a medias horrorizado, y embriagado por algún licor hechicero o forzado por la naturaleza de la situación, se lleva su primer sexo a los labios.
Por un Madagascar moral (XX)
2 años · Escrita desde Santiago de Compostela, España · Comparte:
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