"Breton afirmó que el gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar contra la gente. Buñuel también escribió que Un perro andaluz no era sino un llamamiento al asesinato". Mientras se pasaba esta película por primera vez en París, el director aragónes esperaba tras la pantalla con piedras en las manos por si decidían lincharlo.

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