No ha habido testigos prestando declaración con dentadura postiza, los dientes perdidos tras las torturas. No ha habido testigos respondiendo al fiscal sin moverse de la silla, incapaces de ponerse en pie. Y no ha habido testigos sorprendidos porque el juez decidiera suspender la sesión porque no llegaba la confesión esperada. Eso, como recordaba el fallecido Alexander Solzhenitsyn en el
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