Es posible que piense usted que la facultad de hablar y el esfuerzo de generaciones en construir el lenguaje obedece sin duda a la necesidad que tenemos, como seres pensantes, de transmitir información, de hacer partícipes a nuestros semejantes, presentes y futuros, de nuestras ideas, nuestros conocimientos y nuestros sentimientos. ¡Loable empeño, vive Dios!
¡Qué fático, tío!
2 años · Escrita desde Santiago de Compostela, España · Comparte:
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