Y es que menudo negocio el catedralazo que le ha endiñado el tal Tartaglia a Il Cavaliere. Dientes nuevos, heridas cosidas y más puntos. Más puntos de aceptación por parte de los italianos. Ni más ni menos que siete.
Berlusconi que en sus mejores tiempos había llegado a tener hasta el 60% de aceptación, últimamente con sus escándalos, de todo tipo, había bajado al 48,6% hace unos días.

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