En la lista de pequeñas-cosas-que-me-molestan, una de las primeras es la permisividad con los gorrillas, esos tipos que insisten en “ayudarte” a aparcar a cambio de un euro y que surgen en lugares congestionados: estaciones de tren, salas de conciertos, o incluso a la puerta de un hospital.
De hecho, mi cruzada anti-gorrillas se gesto después de pasarme meses acudiendo a un centro médico donde daban sesiones de quimioterapia… y

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