Éste es el hombre. Hace alarde de su seriedad, de su clarividencia, de su tranquilidad, de su transparencia, de consensuar, de no mentir a los españoles. Y la realidad le desmiente. Él solo se va desenmascarando. Eso sí, fuera de su país, allá en ese Europa cada vez más pobre y cada vez más esclava de Los Mercados.
Él se escucha y quiere que le escuchen sus amos, Los Mercados –allí es fácil sonreír y acertar, basta decir lo que quieren

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