Bar Aduana
Si en verdad la frontra de mis últimos años fuera tan plácida, que consuelo sería permanecer en ella largo tiempo, ociosa y saludable. ¿Qué otra cosa podría decirme la felicidad, de estar aquí, en este bar, de nombre Aduana, una mañana fúlgida de julio, acogida a la sombra de un formidable ficus centenario?. Ya extranjera en las dos orillas, acepto complacida, esta patria provisoria. Des... —
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