Si es que no falla, sales a tomar unas copas (sin perder el móvil en el bar) y a la vuelta a casa no sé que pasa al llegar a la puerta, será el frío de la noche, que la bombilla del descansillo se ha fundido, que todavía me sudan las manos después de haberle entrado a esa sueca venida de gélidas latitudes gracias al programa Erasmus… en fin, la cosa es que no hay manera de meterla.

Entrar