Son las siete de la tarde. Me encuentro merodeando por los alrededores de una pequeña aldea de Sudán. Una aldea cuyas cabañas, construidas con un material similar al adobe, se levantan desperdigadas sin que aparentemente su distribución responda a planificación alguna, tan sólo a la necesidad de cobijo.
Alzo la cabeza y miro al cielo. El sol me ciega. Me ayudo de mi mano para poder distinguir algo sin deslumbrarme. La silueta majestuos

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