En el verano montamos en el barco de Peñíscola ‘La Golondrina’, Joaquinito tenia muchas ganas y estaba deseando la nueva experiencia, “Íbamos a montar en la Golondrina”, luego a bordo todo se movía y Joaquín ponía cara de inquieto, su abuelo lo cogía por el hombro abrazándolo; le contaba que era como si fuera en el columpio, que tenia que sentir un poco de cosa en el estomago; eso ya era mas conocido, y mas tranquilizador
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