Como somos de natural olvidadizos y los chiringuitos de la playa distraen bastante, el Banco de España ha tenido que recordarnos que la economía sigue montada en el tobogán de un parque y que a la vuelta de la playa deberíamos poder ser despedidos a la carta más alta y a un coste menor para que los agostados brotes reverdezcan definitivamente. El empecinamiento del gobernador de la cosa, al que no se puede despedir hasta que
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