(AMI) En tanto las elecciones uruguayas significaron una envidiable lección de pulcritud política, la grotesca jornada impuesta a Honduras desde Washington corrió paralela y afin a la precariedad ética, intelectual y de inimaginable cinismo campantes en el discurso de Calderón, cuya desvergonzada oferta de soborno a legisladores y alcaldes no tiene precedente en la accidentada historia política de este país que ya inicia el cu
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