La lamprea del acuario estaba pegada a la pared de cristal mientras, por debajo de ella, las centollas daban paseos pisándose y poniéndose zancadillas unas a otras. El dueño salió presuroso de la cocina, con los brazos ligeramente doblados y las manos blanquecinas, como si en vez del “cangrejo” hubiera sido él quien hubiera probado el efecto del agua hirviendo.. Con un retel pequeño cogió una centolla, la giró y sopesó. La co
No se ha detectado ningún blog que referencie esta entrada.

Entrar