Publiquemos todos siempre y cuando todos seamos unos cuantos. La supuesta superioridad del papel y su nervadura implica necesariamente la normalización del discurso y, con ello, la dificultad de producir los libros. ¿Nadie recuerda la censura? Por siglos los libros debían ser autorizados, la posesión de una prensa sancionada y, en el extremo, algunas prensas se volvieron clandestinas. Pregúntenle a cua
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