El superheroe de la droit festive, Maurizzio, se subió a un avión rumbo a la France, arrullado por cantos, no de sirenas sino de loros, propalados en el colmo del apresuramiento, por diversos opinólogos deslumbrados con el winner de Palermo Chic. Tras danzar una coreo en el balotaje porteño,impulsar a un Midachi Circus, y luego ir a Córdoba a traccionar a su amigo el Milico Aguad, el futuro se le abria promisorio, y hasta en apariencia fácil
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