Hoy me levanté enojado conmigo mismo. Es que ayer peleé con ella. Pero no es sólo eso el motivo de mi enojo matutino, sino que esta vez ella, además, tenía razón.
Cada palabra que ella soltaba de su boca tenía un fundamento y un sustento que hacía que yo sólo pueda resignarme a asentir con la cabeza.

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