Nunca pensó que hiciera daño a nadie fantaseando con un amante perfecto; un hombre tierno, apasionado y divertido, que dejase en su almohada su flor favorita, una camelia, cada vez que hicieran el amor.
Sólo era un escapismo inocente a su aburrida vida de casada junto a su aburrido esposo… hasta el día en que encontró, junto al cadáver degollado de su marido, una camelia.

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