Unas Navidades de no sé qué año, pero sí eran de aquéllas en las que nos reuníamos todos en casa, mis hermanos, mis cuñados, mis padres y la prole que estaban creando, que le daba a las navidades un sabor a Navidad, porque las navidades son para los niños y para los recuerdos, para la melancolía y el desajuste. Eran navidades de un árbol, de colocar las bolas y comprar algunas más, de poner aquel Belén pequeño, con pastores tullidos por el tiempo
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