El que los ciudadanos endiosen a un miembro de la judicatura por su quehacer diario es un claro exponente de que la democracia se está deteriorando a pasos agigantados y comienza a desprender un tufillo a podrido que hecha para atrás hasta al olfato más resistente.
Ocurrió antes con el juez Garzón, súper héroe popular por el atrevimiento de querer investigar y sentar ante los tribunales de justicia l

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