Mi vecino Ernesto mató a mi gato de manera atroz. Desde ese momento supe que mis sentimientos hacia él eran correspondidos. La venganza, por mi parte, no se hizo esperar: poco tardó en desaparecer su caniche. Lo curioso es que en el edificio pensaban que nos llevábamos bien. Como si vivir pegados tabique con tabique significara darse besos esquimales todo el día.
Ayúdanos a hacer de Bitacoras.com un servicio mejor para todos. Lee nuestros consejos.
Ningún usuario registrado ha votado aún.

Entrar