Cuando el hedor más nauseabundo amenaza con infectar las pituitarias de toda una ciudad, no caben las medias tintas y las instituciones democráticas y los partidos políticos deben hacer una apuesta clara por la legalidad y el juego limpio.
Los últimos acontecimientos que están sacudiendo al Ayuntamiento de Sevilla son indignos para esta ciudad y una vergüenza indescriptible para quienes la habitamos

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