En este regreso a la gran manzana nuestras chicas ni se apean de sus Jimmy Choo, ni se conforman con una existencia reducida a la pequeña pantalla de un televisor en el dormitorio, o al olor de la alimentación infantil. Ellas, ni son comunes, ni probablemente mortales.
No engaño a nadie si confieso que la “adaptación”

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