No se oyen las peleas de los niños que siempre quieren el juguete que tiene el otro. Nadie corre a decir : "Mamáááá, que me está pegando". Nadie me pide que le limpie el culo cuando estoy terminando de comer. No se oye la voz de mi santo quejándose de que el salón parece un rastro (a pesar de que lo parece), ni sus regañinas para que los enanos recojan. Ni siquiera suena el run-run de la
Silencio
1 año · Escrita desde Santa Cruz de Tenerife, España · Comparte:

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