“¿Vienes a pegarme? ¿Vienes a pegarme TÚ TAMBIÉN?” Así es cómo me recibe Silvio Berlusconi cuando acudo raudo y veloz a visitarle al hospital: preguntándome a gritos sobre mis supuestamente violentas intenciones, poniéndose de pie sobre la cama y blandiendo un tetra brick de zumo a modo de machete.
Obviamente, le tranquilizo y le digo que no, que los amigos de mi amigo Flavio Briatore son mis amigos. “Menos mal —contesta—. Es que última

Entrar