Si bien el habla parece una habilidad innata en nuestra especie, la escritura es un proceso artificial, un invento (genial) de la civilización que permite, de mejor o peor manera, dejar constancia de nuestras palabras que, de otro modo, se llevaría el viento tal y como afirma el refrán.
Desde un principio surgió el problema de llevar también a la superficie escrita la prosodia, la musicalidad del sonido oral, para permitir al lector-o

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