Subió a la azotea del edificio. Desplegó el trípode, le acopló el equipo y enfocó la rotonda que daba comienzo a la gran avenida por la que transcurriría el desfile. Cuando, a lo lejos, vio aparecer la comitiva, programó su cámara para que tomase una fotografía cada diez segundos, comprobó el encuadre y el enfoque y pulsó el disparador. Acto seguido, se colocó sus auriculares y se dispuso a esperar.
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