Ayer fue un día…, eso, que fue un día. Y como tiene que haber de todo en la viña del señor (no me pregunten qué señor), pues me tocó ayer.
Y llegué y a los cinco minutos me dijeron que pasara. Dentro me senté y el señor con la bata blanca empezó a manipular la silla-cama y me dejó en horizontal, completamente tumbado, colocó la lámpara en posición de tercer grado y pronunció las palabras temidas: Está listo. A lo que contesté.

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