“Buenas… Vengo a ver a un muchacho”, dijo el joven con gorra café y portando una pequeña bolsa plástica donde se adivinaban unas manzanas. La recepcionista abrió la puerta de rejas y le dejó entrar. La escena, presenciada por IPS, se desarrolló en un viejo hotel de tercera categoría en el centro histórico de Quito que ha sido alquilado en su totalidad por el Estado ecuatoriano para alojar a los

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