Un millar de esperanzas…
Uno a uno los había ido viendo desvanecerse tras una esquina, cuando la luz ya era solo cosa de los hombres y el sol alumbraba el otro lado de la tierra. Algunos desaparecieron dejando tras de sí una mancha amarga y viscosa que, frecuentemente, empapaba a los que les seguían. Otros, en cambio, al marcharse, dejaron en el aire un dulce perfume que los identificaría inequívocamente durante... —
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