Cuando despertó, el Doctor Penrose se mostró claramente confuso. Era comprensible. La sala de paredes cubiertas de lona azul no se parecía en nada a su cómoda y acolchada consulta. Como era un hombre inteligente, comprendió de inmediato que el nexo entre una y otra estancia era el café molido que yo le había traído como gesto de buena voluntad, el que luego él mismo se encargó de servirnos mientras conversábamos. Sus ojos no t
Ayúdanos a hacer de Bitacoras.com un servicio mejor para todos. Lee nuestros consejos.
Ningún usuario registrado ha votado aún.

Entrar