Para explicar la futilidad de las continuas maquinaciones de los editores de prensa en sus vanos intentos de protegerse de internet, ensayaré una fábula postal.
Durante los años 90 del siglo pasado, la creciente adopción del llamado “correo electrónico” en virtud de sus condiciones de instantaneidad, gratuidad y simplicidad, llevaron a las administraciones públicas de correos a iniciar un movimiento global de protesta ante el “intru

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