Sobre las diez y media de la mañana solemos irnos a almorzar, a menudo acudimos al centro comercial próximo. Un rato de agradable locura, los puñales se guardan en el bolsillo y sin saber cómo el mundo es perfecto y todos maravillosos. Suenan melodías navideñas ya tan pronto, poquitas, algunas luces, no muchas y demasiada gente con prisa. Me encontré ayer de camino con un niño de unos ocho años, sentado en un ba

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