Un día fue un gran jugador. De balonmano, más concretamente. Un jugador que con sus balonazos ayudó a conseguir triunfos al Barça y a la selección española. Pero aquello acabó.
Tenía una vida normal, una familia normal y una novia normal y formal, pero alguien se atravesó en su camino, cuando estaba a punto de casarse. Ni más ni menos que una infanta. ¿Y quién se resiste a una infanta? Pues eso, Urdangarín no. Y vino lo del braguetazo.

Entrar

















