Aunque consideremos, a pesar de esa plaza veneguista y hottoniana, que Moyano no es un traidor sino un compañero equivocado que no comprendió el momento post electoral, y menos aún que las maneras políticas se lleva mal con los modos sindicales (y que para conservar el sillón le hubiera convenido abandonar el moyanismo explícito para sumarse al cristinismo... crítico, ponele), le acercamos algo que leímos en Télam:
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