El Vaticano está en franca decadencia. Sus discursos rancios de moralidad y ese pretendido afán por constituirse como referencia ética en estos tiempos de crisis ya no se los cree casi nadie.
Dicen que Roma no paga a traidores y las filas vaticanas están repletas de ellos. Traidores descarados de la fe que dicen abrazar. Gente sin escrúpulos que se pasan por el forro de los caprichos los sentimientos

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