Hace tiempo, cuando trabajaba como redactor en un medio de papel, solía ver cómo entraban los egregios columnistas al periódico y se paseaban mirando a los plumillas como extraños elfos encadenados a su dura tarea. Y así era. Nosotros en las mazmorras del periodismo, y ellos en el puente de mando, con el rostro acariciado por la brisa marina.

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