La imagen que tenemos de nosotros mismos siempre es subjetiva. Está condicionada por múltiples factores, desde el trato que recibimos en nuestra infancia hasta nuestra relación de pareja.
Si no estamos a gusto dentro de nuestro propio cuerpo, antes de lanzarnos a cambiar aquellos rasgos físicos que no nos gustan, deberíamos pensar si la raíz del problema está en el interior en lugar del exterior.

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