Sea profesional o amateur, ese pugilista estará en manos (y en mente) de sus auxiliares, porque con guantes en sus manos, de cualquier calibre, sería imposible que en el minuto de descanso entre round y round, se empinara la botella del agua que no deberá tragar, limpiarse el sudor, y mucho menos atenderse una herida en caso de que la haya, o embadurnarse el rostro con
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