La molestia que produce escuchar el ruido de quienes van al cine a algo más que a ver la película aprovechando la ocasión para comer palomitas tiene una justificación científicamente probada: se venden para compensar el bajo precio de las entradas y además su precio es caro. La venta de estos “accesorios” suponen, sin embargo, únicamente el 20% de los ingresos pero representan el 40% de los beneficios. La paradoja inherente conlleva la conclusión
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