¡Qué bonito! Esto es lo bueno del bipartidismo, los grandes siempre pueden recolocarse, cuando se les pase el arroz. Uno para los dos, y los dos para uno, cuan dos mosqueteros.
Decían aquello de que no se sabe qué hacer con un ex presidente, que es más difícil de colocar que un florero viejo. Imagino que esto habrá pasado a la historia.

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