El otro día me comentaba un destacado dirigente socialista que Zapatero “se está inmolando sólo para que quien le suceda tenga una mínima posibilidad” y se pueda saldar la presumible debacle electoral con una derrota digna. El hecho de que no se haya anunciado un sucesor se debería en ese caso a la estrategia de no ofrecer un blanco fácil al Partido Popular con tanto tiempo por delante.

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