Daniel Espinoza

¡Consuela, consuela a mi pueblo! (Is 40,1) es una palabra que comienza con un verbo imperativo, porque es un grito, es una urgencia, es una llamada, que nos interpela a realizar el mayor y primer servicio que podemos darle a una persona humana: ¡el de dejarle a Dios en el corazón!; porque cualquiera que sea su circunst

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