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    Obediencia y bombillas de bajo consumo

    Hace 2 años

    Recomiendo en general a todo el mundo (y en especial a la Mcarmen Pico Manville) la lectura del libro de Orwell "1984", de donde estraigo esta frase: «Si el líder dice de tal evento esto no ocurrió, pues no ocurrió. Si dice que dos y dos son cinco, pues dos y dos son cinco. Esta perspectiva me preocupa mucho más que las bombas.» No debiéramos creernos lo que "el lider" nos dice simplemente porque sea "el líder" quien lo dice. Eso nos anula como seres racionales y nos convierte en meros "repetidores". Es bastante más prudente desconfiar de lo que nuestros "líderes" nos cuentan. Con "líderes" me refiero a nuestros políticos. Para éstos, no nos engañemos, por encima de los ciudadanos están los beneficios económicos, empresariales, el crecimiento infinito (imposible) en un mundo finito. A los ciudadanos nos cuentan el cuento de forma que queramos asumir las nuevas normas. De este modo se nos han ido imponiendo tratados y más tratados, leyes y más leyes, que a la larga hemos descubierto que nos han metido en este profundo pozo. De "1984" estraigo también este otro párrafo: ‎"Nacían, crecían en el arroyo, empezaban a trabajar a los doce años, pasaban por un breve período de belleza y deseo sexual, se casaban a los veinte años, empezaban a envejecer a los treinta y se morían casi todos ellos hacia los sesenta años. El duro trabajo físico, el cuidado del hogar y de los hijos, las mezquinas peleas entre vecinos, el cine, el fútbol, la cerveza y sobre todo, el juego, llenaban su horizonte mental. No era difícil mantenerlos a raya. Unos cuantos agentes de la Policía del Pensamiento circulaban entre ellos, esparciendo rumores falsos y eliminando a los pocos considerados capaces de convertirse en peligrosos; pero no se intentaba adoctrinarlos con la ideología del Partido. No era deseable que los proles tuvieran sentimientos políticos intensos. Todo lo que se les pedía era un patriotismo primitivo al que se recurría en caso de necesidad para que trabajaran horas extraordinarias o aceptaran raciones más pequeñas. E incluso cuando cundía entre ellos el descontento, como ocurría a veces, era un descontento que no servía para nada porque, por carecer de ideas generales, concentraban su instinto de rebeldía en quejas sobre minucias de la vida corriente. Los grandes males, ni los olían."